De las ideas a la tierra: El anclaje del profesor
El campo de juego es el aula, es el cuartito con el pizarrón diminuto, es el pasillo de la escuela, es el patio del colegio, es, muchas veces, la sala de profesor a las apuradas porque el recreo se acaba...Hay un antes y un después para el profesor, no solo para el debutante. Hay un ayer y un ahora para el que comienza su tarea de enseñar día a día. En ese segmento, hay cambios. Uno inicia la clase siendo algo planificado, preparado. Y termina siendo algo transformado. Cada experiencia docente es única. Hay un ideal que nos guía. Luego devenimos algo concreto, atravesado por muchos seres a la vez (más cuando la clase es numerosa). Entonces, nos convertimos en el profesor real con sus batallas ganadas y perdidas. La confrontación es algo positivo, porque hay un otro al que reconocemos. Y si hay conflicto, no hay que verlo de manera negativa. Hay que saber leer su riqueza. Asumimos una clase llenos de expectativas, de ideales, y concluimos una clase empapados de lo empírico, de lo tangible, de lo que da cuenta de que "algo" aconteció.
Salimos, insisto, transformados.
Cuando comencé el curso de formación para iniciarme a la enseñanza de una segunda lengua, portaba mi experiencia previa en la clase, las habilidades comunicativas y las competencias analíticas del profesor. Y llevaba algo más...
Sé que la lamparita de las nuevas ideas se prende en mi interior cuando me siento motivada. La enseñanza de mi lengua materna es lo que me ha mantenido así desde antes de partir de mi tierra.
En este curso he convalidado mis aprendizajes anteriores sobre la pedagogía. Me siento orgullosa de saber que en mi país nos estamos capacitando en un modelo pedagógico que amplia la comunicación, la apertura cultural y la diversidad tanto de esquemas como de recursos. Tendencia en la que este curso y su institución apuestan para la enseñanza de la lengua española.
En este transitar, he comprendido aún más el gran potencial de las herramientas que las nuevas tecnologías nos ofrecen. En ese sentido, he aprendido a valorarlas aún más...y a ponerlas en práctica de aquí en adelante.

Sobretodo, también me he transformado. Llego a esta meta con más sentido de valentía. Como un caballero que con armadura e hidalguía se adentra por un camino sinuoso y al parecer oscuro. La convicción de saber que iré encontrando mi luz guía me alienta a dar pasos cada vez más firmes hacia mi meta.
No obstante, yo tengo miedo de la incomprensión por no manejar el lenguaje de mis alumnos.
Pero si pienso en las veces que la falta de entendimiento se presenta con personas que hablan tu misma lengua, regreso hacia la convicción de que la enseñanza es un pacto, un acto de confianza, en la que dos o más se ponen al servicio de la comprensión por una mejor comunicación y acción.
Entonces, el miedo se va distanciando de mi. Esta iluminación me transforma. Y viendo hacia mi experiencia anterior, tengo la seguridad de afirmar que la transformación sucede cada clase, cada día. La tarea del docente no deja de crecer, de mejorar, de movilizarse.
La enseñanza no deja de evolucionar.
Ese es lo concreto a lo que llego hoy, concluido este curso.
Y será el ideal de mañana cuando comience a transitar los caminos de la enseñanza de idiomas.