lunes, 5 de noviembre de 2018


De las ideas a la tierra: El anclaje del profesor

El campo de juego es el aula, es el cuartito con el pizarrón diminuto, es el pasillo de la escuela, es el patio del colegio, es, muchas veces, la sala de profesor a las apuradas porque el recreo se acaba...

Hay un antes y un después para el profesor, no solo para el debutante. Hay un ayer y un ahora para el que comienza su tarea de enseñar día a día. En ese segmento, hay cambios. Uno inicia la clase siendo algo planificado, preparado. Y termina siendo algo transformado. Cada experiencia docente es única. Hay un ideal que nos guía. Luego devenimos algo concreto, atravesado por muchos seres a la vez (más cuando la clase es numerosa). Entonces, nos convertimos en el profesor real con sus batallas ganadas y perdidas. La confrontación es algo positivo, porque hay un otro al que reconocemos. Y si hay conflicto, no hay que verlo de manera negativa. Hay que saber leer su riqueza. Asumimos una clase llenos de expectativas, de ideales, y concluimos una clase empapados de lo empírico, de lo tangible, de lo que da cuenta de que "algo" aconteció.

Salimos, insisto, transformados.

Cuando comencé el curso de formación para iniciarme a la enseñanza de una segunda lengua, portaba mi experiencia previa en la clase, las habilidades comunicativas y las competencias analíticas del profesor. Y llevaba algo más...
Sé que la lamparita de las  nuevas ideas se prende en mi interior cuando me siento motivada. La enseñanza de mi lengua materna es lo que me ha mantenido así desde antes de partir de mi tierra.

En este curso he convalidado mis aprendizajes anteriores sobre la pedagogía. Me siento orgullosa de saber que en mi país nos estamos capacitando en un modelo pedagógico que amplia la comunicación, la apertura cultural y la diversidad tanto de esquemas como de recursos. Tendencia en la que este curso y su institución apuestan para la enseñanza de la lengua española.
En este transitar, he comprendido aún más el gran potencial de las herramientas que las nuevas tecnologías nos ofrecen. En ese sentido, he aprendido a valorarlas aún más...y a ponerlas en práctica de aquí en adelante.


Sobretodo, también me he transformado. Llego a esta meta con más sentido de valentía. Como un caballero que con armadura e hidalguía se adentra por un camino sinuoso y al parecer oscuro. La convicción de saber que iré encontrando mi luz guía me alienta a dar pasos cada vez más firmes hacia mi meta.



No obstante, yo tengo miedo de la incomprensión por no manejar el lenguaje de mis alumnos.
Pero si pienso en las veces que la falta de entendimiento se presenta con personas que hablan tu misma lengua, regreso hacia la convicción de que la enseñanza es un pacto, un acto de confianza, en la que dos o más se ponen al servicio de la comprensión por una mejor comunicación y acción.
Entonces, el miedo se va distanciando de mi. Esta iluminación me transforma. Y viendo hacia mi experiencia anterior, tengo la seguridad de afirmar que la transformación sucede cada clase, cada día. La tarea del docente no deja de crecer, de mejorar, de movilizarse.
La enseñanza no deja de evolucionar. 

Ese es lo concreto a lo que llego hoy, concluido este curso.
Y será el ideal de mañana cuando comience a transitar los caminos de la enseñanza de idiomas.



miércoles, 10 de octubre de 2018



No te quemes, aprende por contexto!

Para responder a la consigna del Prof. Alexandru Negoescu, he elegido la muestra de actividad 3, por los siguientes motivos:

1: En ella los ejercicios permiten ver la relación forma-significado en contraste con otra oración con significado diferente, realzando en negrita los verbos, lo cual contribuye a la memoria de cómo  éstos se escriben en las formas del pasado.

2: En ella, la elección por una u otra forma del pasado depende del contexto, es decir del sentido de la situación en la que las acciones se realizan. Los ejercicios que integran esta actividad brindan alternativas que orientan al hablante a elegir la forma adecuada de acuerdo al propósito informativo del enunciado.

3: En ella, el acceso a la regla del uso de las dos formas del pasado se realiza de manera inductiva. Cuando el hablante se sitúe en una situación similar pensará en estos dos modelos. Por lo tanto, ha construido un aprendizaje significativo, integrando la teoría (los tiempos verbales del pasado) a situaciones prácticas (elaborar enunciados para satisfacer necesidades comunicativas particulares).

4: He descartado las dos anteriores, por la dificultad de interpretación que implican para un aprendiente de una segunda lengua. Incluso, yo no he podido interpretar muy bien los ejercicios para saber, evitando hacer demasiada concentración, qué forma emplear sin cometer ningún error. Es decir, son complicados incluso para aplicar algún criterio de gramaticalidad.


Profe en el diván (Tarea final Metodología)

¿Cómo me veo como profesora de español?

Considero que puedo ser el vehículo, ¿por qué no? De mi manera de representar al mundo, y de mi bagaje cultural. Además, tengo muchas ganas de interactuar con personas de otras culturas, porque es una relación de ida y vuelta, de dar y recibir.                                                                                                          


¿Cuáles son mis experiencias de aprendizaje?

Cuando era estudiante, aprendí hábitos grupales (como la importancia de trabajar en equipo, sobre la importancia del aporte del otro para la realización de una tarea o proyecto), de la misma forma que aprendí a ser independiente y autónoma, mas no individualista. Ser independiente te brinda la flexibilidad necesaria para adaptarte a cualquier entorno, y poder seguir creciendo al salir de “nuestra zona de confort”.
Cuando fui docente, aprendí a ser paciente y escuchar al otro. Esta experiencia llega con más bajos que altos. No viene de una realidad edulcorada. En los procesos de enseñanza me he encontrado con mucha resistencia, y ésta a veces se traduce en actitudes no tan gratas. Pero solo entonces hay que aprender a ser amables; hay que intentarlo. Además, reconocer esto te lleva a preguntarte muchas veces sobre tus prácticas docentes, sobre tus materiales, y sobre tu modo de comunicación. Muchas ideas superadoras surgen de comunicar nuestras problemáticas, leer y compartir experiencias.

¿Cuáles son mis creencias en torno a la lengua? ¿Y en torno a cómo se aprende?

Los signos y símbolos recrean el mundo en el que vivimos, y nos permiten desenvolvernos y cumplir con nuestras funciones y propósitos comunicativos.
La lengua es una herramienta para la socialización, y con ella constituimos lo social y…¡¡¡ocurren cosas!!!  ¡Todas las cosas del mundo!
Esta se aprende de manera oral en un principio. De manera intuitiva e inductiva, voy comprendiendo de a poquito y lo llevo a lo general para tener la gran perspectiva de cómo funcionan las cosas. La observación ayuda mucho en este proceso. Observar el lenguaje corporal y el espacio completa el mensaje. Luego esto se complejiza con el signo y el símbolo, por lo que la escritura entra en escena.

Cuando se trata de una segunda lengua, según mi experiencia como aprendiz, tengo la convicción de que la musicalidad de las palabras atrae a conocerlas. ¡Pero ey! ¿Qué musicalidad tendría el alemán? (una de los idiomas que elegí estudiar). “Gustos son gustos”.
Por otro parte, o, dicho de otro modo, empezar desde la música, favorece el encuentro con otro idioma. Acercarse desde las figuras de su cultura: el cine, la literatura, lugares de interés, anécdotas, artistas, músicos, deportistas, figuras populares, etc. Es decir que la sonoridad, la imagen los símbolos, las fotografías, colaboran en el aprendizaje de una lengua. Mantienen, además, viva la llama del interés.

¿Cuáles son mis puntos fuertes?
Las ganas de compartir.

¿Cuáles son mis debilidades?
El miedo y la ansiedad que me provoca encontrarme en un entorno que está cerrado y reticente al aprendizaje. Siempre uno se puede encontrar con ambienten hostiles, entornos precarios, pero cuando hay ganas todo se puede. En cambio, cuando la barrera es interior, es decir, la persona no se encuentra en modo receptivo, mucho se pierde.

¿Cuáles mis necesidades de aprendizaje?

Tengo la convicción de que siempre es necesario seguir aprendiendo acerca de métodos, de materiales didácticos, en relación a otras experiencias educativas y sobre la inclusión de las nuevas tecnologías. Además, hay que adentrarse en los movimientos estéticos actuales, las culturas juveniles, los nuevos lenguajes…es decir seguir avanzando, porque el aprendizaje no es algo estanco.


¿Cómo crear vínculos con los estudiantes?
La confianza y las emociones positivas

En primer lugar, hay que desmitificarse acerca de la figura del alumno como una “tábula rasa”, que se desviste de sus emociones e intereses en el momento en el que toca el timbre de entrada al aula.
Reconocer esto es imprescindible por muchas razones. La mejor que se me ocurre es la que se evidencia en el lenguaje corporal del profesor al caminar por el pasillo, la que se pone de manifiesto en la cara del profesor al entrar al aula, la que nos habla en la posición que éste adopta en la silla o al frente del pizarrón…Es decir, que nosotros como profesores tampoco podemos despojarnos de nuestras emociones. Hay una comunión de emociones…
Y, en segundo lugar, alumnos y profesores entramos en un pacto. En éste sellamos la confianza entre ambos. Si los alumnos deben escucharnos “por estar allí”, aunque eso no es garantía, al menos el profesor debe ser consciente de que por coacción no puede pretender que se genere “el milagro”.
Phillipe Meirieu promueve la afirmación de que hay que tener confianza en la relación de enseñanza aprendizaje, es decir, creer positivamente en la capacidad del alumno para reflexionar, preguntarse, vincularse con el conocimiento, es decir volverse actor de su propia trama.

¿Cómo podría uno enseñar si de antemano lo congelan los prejuicios? ¿Cómo podría uno aprender si antes de comenzar lo expulsan las etiquetas?

Las prácticas o tareas de aprendizaje deben entonces planificarse en vista de las dimensiones afectivas de nuestros alumnos; previendo sus limitaciones, incluyendo sus intereses. Y departirlas con la convicción suficiente de que es ese el camino; y de que, si surgen obstáculos, se puede optar por otras salidas.

Vuelvo a la escena en el aula, y confirmo: los profesores son multiplicadores de emociones, contagian. Si nuestra cara es de pocos amigos, se nota y se reproduce, hay un “invierno” de predisposiciones para el aprendizaje. Coartamos la palabra.

¿Cómo promuevo que se establezca un vínculo con el alumno?

Cuando inicia el año lectivo, me gusta comenzar con la expresión escrita libre. Propongo que los alumnos escriban una “semblanza” sobre ellos mismos. Explico de antemano qué es una semblanza. La defino de manera sencilla: les pido que piensen en una conversación con un amigo o amiga que no han visto por un largo tiempo. Les indico que escriban todo lo que puedan acerca de sus vacaciones, tiempo libre, gustos musicales, algún acontecimiento importante, etc. Luego, leo todos los escritos, recuerdo sus nombres al entregárselos. Trato de escribir alguna leyenda que los haga sentir bien.
En los cursos más chicos, pido que dibujen algo y alguna frase que les haya gustado de alguna canción o que sepan de antemano.
                De esta manera, se achica la distancia, y se puede comenzar con una tarea de aprendizaje más amena.

martes, 2 de octubre de 2018



El profesor ideal

“Buen día alumnos. ¿Cómo han pasado el fin de semana”
“¿Hola chicos, buen día…qué cuentan de lindo?”

…El profesor ideal abre el canal de comunicación.
Se interesa por su interlocutor. Intenta dar comienzo a un diálogo, a una conversación en la que se van tejiendo historias particulares con la “agenda temática” del día, el contenido y la singularidad de cada quien, hasta del profe…que, asumiendo un papel de facilitador, viene a brindar herramientas para que sus alumnos adquieran destrezas que los transformen día a día en seres autónomos, y curiosos.

…El profesor ideal además de la formación pedagógica, es por igual animador, psicólogo, paseador, cuentacuentos, “contagiador” de actitudes frente al conocimiento. Un transportador de situaciones en las que la cultura del mundo, ofrece sus aromas a nuestras narinas.

…El profesor ideal porta consigo un radar. Olfatea el material didáctico en las esencias de la vida cotidiana; las trae en sus bolsillos y comparte costumbres, rituales, refranes, dichos y entredichos.

…El profesor ideal alienta el progreso del aprendizaje en sus alumnos. Los conduce de la mano hacia la autocorrección, no sanciona el error, lo valora. Respeta cada etapa, alienta a seguir transitando por el camino del saber porque sus frutos son claros, se perciben y están al alcance  de la mano.