viernes, 26 de octubre de 2018
miércoles, 10 de octubre de 2018
No te quemes, aprende por contexto!
Para responder a la consigna del Prof. Alexandru Negoescu, he elegido
la muestra de actividad 3, por los siguientes motivos:
1: En ella los ejercicios permiten ver la relación
forma-significado en contraste con otra oración con significado diferente,
realzando en negrita los verbos, lo cual contribuye a la memoria de cómo éstos se escriben en las formas del pasado.
2: En ella, la elección por una u otra forma del pasado
depende del contexto, es decir del sentido de la situación en la que las
acciones se realizan. Los ejercicios que integran esta actividad brindan
alternativas que orientan al hablante a elegir la forma adecuada de acuerdo al
propósito informativo del enunciado.
3: En ella, el acceso a la regla del uso de las dos formas
del pasado se realiza de manera inductiva. Cuando el hablante se sitúe en una
situación similar pensará en estos dos modelos. Por lo tanto, ha construido un
aprendizaje significativo, integrando la teoría (los tiempos verbales del
pasado) a situaciones prácticas (elaborar enunciados para satisfacer
necesidades comunicativas particulares).
4: He descartado las dos anteriores, por la dificultad de
interpretación que implican para un aprendiente de una segunda lengua. Incluso,
yo no he podido interpretar muy bien los ejercicios para saber, evitando hacer
demasiada concentración, qué forma emplear sin cometer ningún error. Es decir,
son complicados incluso para aplicar algún criterio de gramaticalidad.
Profe en el diván
(Tarea final Metodología)
¿Cómo me veo como profesora de español?
Considero que puedo ser el vehículo, ¿por qué no? De mi manera de
representar al mundo, y de mi bagaje cultural. Además, tengo muchas ganas de
interactuar con personas de otras culturas, porque es una relación de ida y
vuelta, de dar y recibir.
¿Cuáles son mis experiencias de
aprendizaje?
Cuando era estudiante, aprendí hábitos grupales (como la importancia de
trabajar en equipo, sobre la importancia del aporte del otro para la
realización de una tarea o proyecto), de la misma forma que aprendí a ser
independiente y autónoma, mas no individualista. Ser independiente te brinda la
flexibilidad necesaria para adaptarte a cualquier entorno, y poder seguir
creciendo al salir de “nuestra zona de confort”.
Cuando fui docente, aprendí a ser paciente y escuchar al otro. Esta
experiencia llega con más bajos que altos. No viene de una realidad edulcorada.
En los procesos de enseñanza me he encontrado con mucha resistencia, y ésta a
veces se traduce en actitudes no tan gratas. Pero solo entonces hay que
aprender a ser amables; hay que intentarlo. Además, reconocer esto te lleva a
preguntarte muchas veces sobre tus prácticas docentes, sobre tus materiales, y
sobre tu modo de comunicación. Muchas ideas superadoras surgen de comunicar
nuestras problemáticas, leer y compartir experiencias.
¿Cuáles son mis creencias en torno a la
lengua? ¿Y en torno a cómo se aprende?
Los signos y símbolos recrean el mundo en el que vivimos, y nos
permiten desenvolvernos y cumplir con nuestras funciones y propósitos
comunicativos.
La lengua es una herramienta para la socialización, y con ella
constituimos lo social y…¡¡¡ocurren cosas!!! ¡Todas las cosas del mundo!
Esta se aprende de manera oral en un principio. De manera intuitiva e
inductiva, voy comprendiendo de a poquito y lo llevo a lo general para tener la
gran perspectiva de cómo funcionan las cosas. La observación ayuda mucho en
este proceso. Observar el lenguaje corporal y el espacio completa el mensaje.
Luego esto se complejiza con el signo y el símbolo, por lo que la escritura
entra en escena.
Cuando se trata de una segunda lengua, según mi experiencia como
aprendiz, tengo la convicción de que la musicalidad de las palabras atrae a
conocerlas. ¡Pero ey! ¿Qué musicalidad tendría el alemán? (una de los idiomas
que elegí estudiar). “Gustos son gustos”.
Por otro parte, o, dicho de otro modo, empezar desde la música,
favorece el encuentro con otro idioma. Acercarse desde las figuras de su
cultura: el cine, la literatura, lugares de interés, anécdotas, artistas, músicos,
deportistas, figuras populares, etc. Es decir que la sonoridad, la imagen los símbolos,
las fotografías, colaboran en el aprendizaje de una lengua. Mantienen, además,
viva la llama del interés.
¿Cuáles son mis puntos fuertes?
Las ganas de compartir.
¿Cuáles son mis debilidades?
El miedo y la ansiedad que me provoca encontrarme en un entorno que
está cerrado y reticente al aprendizaje. Siempre uno se puede encontrar con
ambienten hostiles, entornos precarios, pero cuando hay ganas todo se puede. En
cambio, cuando la barrera es interior, es decir, la persona no se encuentra en
modo receptivo, mucho se pierde.
¿Cuáles mis necesidades de aprendizaje?
Tengo la convicción de que siempre es necesario seguir aprendiendo
acerca de métodos, de materiales didácticos, en relación a otras experiencias
educativas y sobre la inclusión de las nuevas tecnologías. Además, hay que adentrarse
en los movimientos estéticos actuales, las culturas juveniles, los nuevos
lenguajes…es decir seguir avanzando, porque el aprendizaje no es algo estanco.
¿Cómo crear vínculos
con los estudiantes?
La confianza y las
emociones positivas
En primer lugar, hay que desmitificarse acerca de la figura del alumno
como una “tábula rasa”, que se desviste de sus emociones e intereses en el
momento en el que toca el timbre de entrada al aula.
Reconocer esto es imprescindible por muchas razones. La mejor que se me
ocurre es la que se evidencia en el lenguaje corporal del profesor al caminar
por el pasillo, la que se pone de manifiesto en la cara del profesor al entrar
al aula, la que nos habla en la posición que éste adopta en la silla o al
frente del pizarrón…Es decir, que nosotros como profesores tampoco podemos
despojarnos de nuestras emociones. Hay una comunión de emociones…
Y, en segundo lugar, alumnos y profesores entramos en un pacto. En éste
sellamos la confianza entre ambos. Si los alumnos deben escucharnos “por estar
allí”, aunque eso no es garantía, al menos el profesor debe ser consciente de
que por coacción no puede pretender que se genere “el milagro”.
Phillipe Meirieu promueve la afirmación de que hay que tener confianza
en la relación de enseñanza aprendizaje, es decir, creer positivamente en la
capacidad del alumno para reflexionar, preguntarse, vincularse con el
conocimiento, es decir volverse actor de su propia trama.
¿Cómo podría uno enseñar si de antemano lo
congelan los prejuicios? ¿Cómo podría uno aprender si antes de comenzar lo
expulsan las etiquetas?
Las prácticas o tareas de aprendizaje deben entonces planificarse en
vista de las dimensiones afectivas de nuestros alumnos; previendo sus limitaciones,
incluyendo sus intereses. Y departirlas con la convicción suficiente de que es
ese el camino; y de que, si surgen obstáculos, se puede optar por otras
salidas.
Vuelvo a la escena en el aula, y confirmo: los profesores son
multiplicadores de emociones, contagian. Si nuestra cara es de pocos amigos, se
nota y se reproduce, hay un “invierno” de predisposiciones para el aprendizaje.
Coartamos la palabra.
¿Cómo promuevo que se establezca un vínculo
con el alumno?
Cuando inicia el año lectivo, me gusta comenzar con la expresión
escrita libre. Propongo que los alumnos escriban una “semblanza” sobre ellos
mismos. Explico de antemano qué es una semblanza. La defino de manera sencilla:
les pido que piensen en una conversación con un amigo o amiga que no han visto
por un largo tiempo. Les indico que escriban todo lo que puedan acerca de sus
vacaciones, tiempo libre, gustos musicales, algún acontecimiento importante,
etc. Luego, leo todos los escritos, recuerdo sus nombres al entregárselos.
Trato de escribir alguna leyenda que los haga sentir bien.
En los cursos más chicos, pido que dibujen algo y alguna frase que les
haya gustado de alguna canción o que sepan de antemano.
De esta manera, se achica la
distancia, y se puede comenzar con una tarea de aprendizaje más amena.
martes, 2 de octubre de 2018
El profesor ideal
“Buen día alumnos. ¿Cómo han pasado el fin de semana”
“¿Hola chicos, buen día…qué cuentan de lindo?”
…El profesor ideal abre el canal de comunicación.
Se interesa por su interlocutor. Intenta dar comienzo a un
diálogo, a una conversación en la que se van tejiendo historias particulares
con la “agenda temática” del día, el contenido y la singularidad de cada quien,
hasta del profe…que, asumiendo un papel de facilitador, viene a brindar
herramientas para que sus alumnos adquieran destrezas que los transformen día a
día en seres autónomos, y curiosos.
…El profesor ideal además de la formación pedagógica, es por
igual animador, psicólogo, paseador, cuentacuentos, “contagiador” de actitudes
frente al conocimiento. Un transportador de situaciones en las que la cultura
del mundo, ofrece sus aromas a nuestras narinas.
…El profesor ideal porta consigo un radar. Olfatea el
material didáctico en las esencias de la vida cotidiana; las trae en sus
bolsillos y comparte costumbres, rituales, refranes, dichos y entredichos.
…El profesor ideal alienta el progreso del aprendizaje en
sus alumnos. Los conduce de la mano hacia la autocorrección, no sanciona el
error, lo valora. Respeta cada etapa, alienta a seguir transitando por el
camino del saber porque sus frutos son claros, se perciben y están al
alcance de la mano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



